La victoria, 2-1 de México sobre Canadá, en Tuxtla Gutiérrez, resulta de llanto para el ídolo que pretendía un adiós muy diferente. Pero, a final de cuentas, la frialdad del estratega sueco se enfoca en la prioridad de sacar el resultado frente a un rival más complicado de lo esperado. Y lo consigue, a sangre y fuego.

El noveno punto del Tri en la eliminatoria garantiza seguridad para cerrar el resto de la etapa previa al hexagonal como visitante. Pero también amarga el festejo de un grande, quien apenas participa a lo largo de un minuto oficial y cuatro de reposición, cuando la victoria todavía no estaba amarrada.
Porque México batalla demasiado ante el adversario aparentemente más débil.
El temido factor fuera del Estadio Azteca se combina con un disciplinado rival, capaz de congelar al conjunto nacional.
Hasta que Omar Bravo, de cambio en el minuto 53’, capitaliza a cinco minutos de su ingreso el primer tanto de la noche, a centro de Ricardo Osorio, luego de ganar por aire y colocar el esférico a la derecha de Hirschfeld.
Es entonces cuando la carrera de Omar termina en los brazos de Cuauhtémoc.
La fiesta continúa, y al 72’, Rafael Márquez anticipa con autoridad para dirigir su testarazo a las redes, tras el cobro de un córner ejecutado por Guardado.
La historia parece propicia para el tan anunciado homenaje al ídolo que dice adiós a la Selección. Pero no. Porque el gol de Ali Gerba, quien aprovecha un envío de Hume por derecha en el minuto 77, acobarda al sueco. Y éste prefiere demorar el movimiento hasta el último suspiro.

Así, a los 89 minutos con 30 segundos, Cuauhtémoc ingresa por Fernando Arce. Tal vez por eso el silbante Neal Brizan, de Trinidad y Tobago, anuncia cuatro minutos más al partido.
El capitán Rafael Márquez, quien había mantenido un distanciamiento permanente con el ídolo por añejos desencuentros, se aproxima a Blanco y le entrega el gafete de capitán.
Los momentos de fiesta duran muy poco. Por eso, al hacerse de su único balón pretende hacerse de un espacio para enviar algún disparo a puerta. Sólo que éste se enreda con el esférico y termina besando el césped para ganarse un cartón amarillo del silbante.
Después, la culminación de la contienda y la celebración de sus compañeros, quienes llevan consigo una gran manta verde con el lema: “Gracias Cuauhtémoc” y la fecha del partido que simboliza su despedida en Selección.
El hombre termina en hombros, aunque antes, frente a las cámaras de TV alcanza a decir… “Me voy contento”.
Tal vez no lo contento que deseaba, pero se va. Y el llanto del cielo se confunde con la despedida de un grande.
























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