El Abierto de Estados Unidos y la Copa Masters de Shangai fueron los últimos tesoros acaparados por el suizo Roger Federer, que casi un año después enfila el final de su peor temporada, precipitada por la eliminación en los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Pekín.

La XXIX edición olímpica ha reafirmado las penurias del helvético, que cederá a Rafa Nadal, el próximo lunes, el número uno del mundo que ha ostentado durante más de cuatro años. Durante 235 semanas.
La claudicación pondrá en evidencia la realidad de un curso marcado por los sinsabores para el helvético en un año en el que ha sido claramente superado por Nadal, al que ha tenido a rebufo en los tiempos recientes. Un vuelco en el orden establecido.
La derrota ante James Blake en el Centro Olímpico de Pekín no es una más para el suizo, agarrado al torneo como solución a un curso plagado de claroscuros. Federer no ha ganado ningún ‘major’ en el 2008. Tampoco ninguno de los Masters Series. Sus éxitos se limitan a torneos de menor enjundia: Halle y Estoril.
El escaparate olímpico parecía un buen escenario para evidenciar una recuperación. Llegó a Pekín con once derrotas a cuestas en la temporada. Números excesivos para alguien de su magnitud. De ahí el talante desencajado con el que abandonó el recinto olímpico.
























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